"YO CREO"

“YO CREO”… frase que en incontables ocasiones hemos escuchado de boca de muchos camaradas y simpatizantes. Ese “YO CREO” involucra creer en nuestras ideas, posturas, afirmaciones e ideales. Lamentablemente ese “Yo creo” no pasa más allá de esa acción de creer, cual letanía de un credo religioso que se repite constantemente sin el fuego interno de una verdadera convicción. “Yo creo en esto o en aquello”, manifiestan muchos camaradas, inclusive enumerando una larga lista de creencias respecto al NS.
Lo que la realidad de hoy nos exige no son creencias, sino mas bien CONVICCIONES. Convicción de que hay que actuar, de que hay que “hacer algo”, de que HAY QUE LUCHAR.

El verdadero nacional-socialista nunca debe decir “YO CREO”.
El verdadero nacional-socialista debe gritar “¡YO LUCHO!” POR MI PATRIA, POR MI FAMILIA, POR MI RAZA Y POR MI IDEAL.

NO QUEREMOS MAS “CREYENTES”, LO QUE EL NACIONAL-SOCIALISMO NECESITA SON LUCHADORES, HOMBRES DE ACCIÓN QUE NO SE OCULTEN Y AMILANEN ANTE EL PRIMER ESTRUENDO DEL ATAQUE ENEMIGO.

“Siempre hay personas que destacan como luchadores realmente activos y se espera mas de ellas que de los millones de camaradas nacionales de la población general. A ellos sencillamente no les basta comprometerse con un “¡Yo creo!”. Ellos afirman “¡YO LUCHO!”

ADOLFO HITLER

¡ESTE ES EL ESPIRITU QUE DEBE
ANIMAR A TODO NACIONAL-SOCIALISTA!
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Published in: on octubre 14, 2009 at 2:48 pm  Comments (1)  

Breviario Nacional-Socialista, NACIONAL-SOCIALISMO

Una frase del Führer:

“No podéis ser verdaderos nacionalsocialistas sin ser socialistas y vosotros no podéis ser verdaderos socialistas sin ser nacionalistas. Ser nacionalista significa amar a su pueblo más que a los restantes pueblos y cuidar de que sea capaz de sostenerse frente a ellos. Pero para que este pueblo sea capaz de sostenerse frente al resto del mundo debe desear y cuidar de que cada miembro sea sano y que cada uno individualmente y con ello la generalidad, alcance un nivel lo más alto que sea posible. Así en consecuencia, ya soy socialista.
En el otro caso no puedo ser socialista sin poner mi esfuerzo en que mi pueblo sea capaz de protegerse frente a las extralimitaciones de los otros pueblos en la lucha por los fundamentos de la vida, y sin empeñarme por la grandeza de mi pueblo, es decir, sin ser nacionalista. Porque la fuerza e importancia de mi pueblo es la condición previa para el bienestar de cada uno. De esta manera, pues, vosotros sois ambas cosas, nacionalistas y socialistas, o sea, nacionalsocialistas”.

Todo nacional-socialista debe llevar en sí, en forma especialmente desarrollada la obligación por el nacionalismo y por el socialismo. Como nacionalista debe vivir según la palabra del poeta, plasmándola siempre de nuevo mediante la acción: Primero viene mi pueblo, luego todos los otros, primero mi madre patria, después el mundo. El militante del movimiento es el nacionalista elegido. Todo servicio no es fin en sí, todo el entrenamiento físico e ideológico tiene como meta final la creación de hombres que están dispuestos a luchar por la Patria y, de ser necesario, morir por ella. El militante del movimiento es el socialista elegido. Todas las diferencias de rango y clase están borradas para él. Los nacional-socialistas no conocemos situaciones de privilegio en el sentido de la burguesía liberal, sino solamente camaradas.

El nacional-socialista es, en el sentido más noble de la palabra, socialista porque practica la camaradería. Practicar esta camaradería es para él ley sagrada, ley que es obedecida no porque esté escrita sobre el papel sino porque es cosa del corazón y necesidad lógica y natural. A ella están sometidos no solamente los hombres. Sino por supuesto también los conductores, estos en una medida mucho mayor, porque la conducción a fin de cuentas no involucra prerrogativas, sino el deber del ejemplo vivido frente a los hombres. Esta camaradería no debe agotarse en las cosas de la vida diaria y del servicio, sino que debe ver su modelo en el espíritu de camaradería.
Ser verdadero nacionalsocialista es un gran cometido, probablemente el más grande que existe. Ser verdadero nacionalsocialista es el más alto perfeccionamiento de la existencia para todo compatriota y especialmente para el Hombre nacional-socialista. Quizá sea acertada la palabra de que sólo hay un verdadero nacional-socialista: el Führer. Tratar de emularlo debe ser la mayor dicha y el mayor orgullo del Hombre nacional-socialista.

Published in: on octubre 9, 2009 at 1:56 am  Dejar un comentario  

Breviario Nacional-Socialista, EL FÜHRER

La conducción es un don otorgado por nuestro Dios. No se puede aprender, no se puede inculcar por educación y la práctica. El liderazgo se halla profundamente en la esencia de su portador, ¡está en la sangre! .

El verdadero Führer es siempre modesto, no se viste con trajes centelleantes. No hace ostentación ni se vanagloria. Como todo lo grande en el mundo es del todo sencillo y llano, así también el liderazgo carece de superficialidades y oropeles. El que utiliza efectismo externo y presume de Führer (conductor) es siempre un Verführer (seductor), que trata de cubrir su vacuidad con paño de color y joyas fulgurantes.
¡Ay de aquéllos que prendados de lo exterior, se dejan seducir y le siguen!

El verdadero Führer no se sirve de frases tornasoladas, que ascienden como pompas de jabón iridiscentes y estallan al menor soplo de viento. El que ama el tintineo altisonante de las palabras no tiene nada que decir y quiere esconder detrás su ignorancia e incapacidad, tal como el judío esconde detrás del cebo barato e
hipócrita, las trampas de su engaño.

El verdadero Führer es natural y llano. El reconocimiento y la gloria de todo un mundo pueden amontonarse alrededor suyo, pero él sigue siendo fiel a sí mismo. El que embriagado y cegado por la alabanza de la muchedumbre levanta una reja de presunción alrededor suyo y se aísla en fría inaccesibilidad de los seguidores, tampoco él es un Führer, sino un seductor, para quien los seres humanos sólo valen mientras lo llevan sobre sus hombros alto y más alto. Cuando ya no tiene que esperar una gloria mayor les da un puntapié.

¡El verdadero Führer vive como ejemplo! El vivir ejemplarmente es mucho más difícil que el morir como ejemplo en la embriaguez de la victoria de las columnas en asalto. El morir como ejemplo dura sólo un momento, el vivir como ejemplo se extiende por sobre años y decenios y genera eternamente una riqueza única. El verdadero Führer no exige nada de sus seguidores que él no esté en todo momento dispuesto y capacitado para hacer. No ha sido designado por el destino como Führer el que goza con avidez de exquisitos alimentos mientras los hombres buscan vanamente un pedazo de pan; no es un Führer el que se despereza sobre blandos almohadones de plumas mientras sus seguidores tratan vanamente de encontrar un poco de paja para su lecho y tampoco es Führer el que protege sus manos con guantes de piel mientras sus partidarios tienen que sufrir el frío.

El verdadero Führer no sólo vive el ejemplo en el Frente. El que prohibe a sus hombres beber en una taberna dudosa y secretamente visita justamente esta taberna y allí se embriaga, no ha entendido nada del liderazgo. No puede extrañarse cuando detrás de sus espaldas se murmura y protesta, cuando la confianza poco a poco se va desmoronando.
La confianza es el fundamento más potente para que actúen provechosamente, en común, la conducción y los conducidos. Donde no existe, se difunde la “obediencia del cadáver”, se anida el temor ante el castigo y, en último término, los hombres sólo obedecen las órdenes porque temen el castigo.

El verdadero Führer apela siempre a las buenas cualidades de sus seguidores, al sentimiento del honor, a la lealtad, a la fe, al amor por el pueblo y la Patria, a la aptitud para el sacrificio. Él sabe mantener en permanente movimiento estas grandes cualidades y orientarlas hacia los altos fines de la resurrección nacional.
El falso Führer apela a los bajos instintos de los seres humanos, la codicia, el goce, la envidia; hace promesas para mantener a los seguidores mientras lo considera conveniente en interés de su propia vida holgada y la de su cenáculo.

El verdadero Führer se dirige al sentimiento de sus fieles, levanta un puente de corazón a corazón, y millones de corazones laten creyentes por él, inquebrantables en la confianza. El falso Führer se dirige al intelecto frío, calculador y “sutil”. Sólo sobre esta base tiene detrás suyo a la gente, para perderla rápidamente cuando no cumple las esperanzas calculadas por la misma.
El verdadero Führer señala a sus seguidores el camino y la meta, que él sólo merced a su liderazgo otorgado por nuestro Dios es capaz de reconocer. Ve su misión nunca terminada en la conservación y la afirmación de sus seguidores, en el acrecentamiento y la evolución hacia arriba de sus virtudes, la ve en el ideal de preparar a su pueblo la eternidad.

El verdadero Führer está firme cual una roca en el oleaje. Las olas y el viento no le pueden hacer daño.
El verdadero Führer siente muy íntimamente el latido del corazón de sus seguidores y los escucha, sintiéndose uno con ellos.

Ese Führer es Adolf Hitler. Seguirlo ha de constituir la más sagrada obligación y el mayor orgullo de todo nacional-socialista.

H. Sponholz
Published in: on octubre 8, 2009 at 2:24 am  Dejar un comentario